
Un ángel llamado “Luis Santiago” ha muerto impunemente. Es uno más de tantos menores que a diario mueren víctimas de la acción criminal producida por la descomposición letal del tejido social¸ producto del egoísmo indolente donde los valores de la sociedad han decrecido de tal manera que podemos afirmar, que, casi no existen.
La mente energúmena de un desadaptado social quién era su progenitor, le quitó la vida sin reparo con alevosía y premeditación. La mala noticia de su muerte trascendió con horror, perturbando la tranquilidad de una población pacífica en una vereda ubicada en los alrededores de Bogotá. La gente ante este hecho reaccionó indignada, saliéron a las calles a protestar, organizando marchas para pedir al gobierno nacional una condena ejemplar para este criminal como la pena de muerte, o la cadena perpetua.
Otras personas menos avezadas, se aglutinaron formando tumultos frente a la entrada principal de la fiscalía quienes enceguecidos por la ira a gritos pedían sus cabezas para hacer justicia con su propia mano… Querían “linchar” al victimario y a sus cómplices que en ese lugar estaban siendo interrogados.
¿Me pregunto? ¿Qué sentido tiene hacer justicia de alguna o de otra manera? Al fin y al cabo este proceso de condena es terrenal. Pero, no hay que olvidar que la justicia divina que llegará implacable. Su paz interior se verá derruida y perturbada por el arrepentimiento y la desesperación que lo condenará a sufrir en vida, atormentándose hasta la saciedad y la locura.
La tempestad ha comenzado para esta alma perdida… lagrimas de sangre brotará de sus ojos cansados al verse reducido a la impotencia, producto del remordimiento. La ira de Dios comenzará a impartir su ejemplar castigo lúgubre, como lo hizo en Sodoma y Gomorra bajo una luna oscura que aterroriza a quien la mire a su alrededor. ¡Dios le va a cobrar lo que hizo! No existe la menor duda.